lunes, 29 de marzo de 2010

AL final de la barra II

Zaira y Mónica pasaron la noche entre lágrimas, risas y vino blanco.
Mónica trabajaba en la empresa familiar, que se dedicaba a la exportación de vinos.
La próxima semana tenía un congreso muy importante en Francia en el cual, ella debía estar representando el negocio familiar. Aunque en esos momentos su cabeza no estaba en el mundo vitivinícola precisamente. Mónica no dejaba de pensar en su inminente ruptura con Jaume, pero a su vez, había otro rostro que la acechaba, esos ojos azules que iban acompañados de tantos interrogantes.
¿Quién era esa mujer? y lo más importante ¿Por qué había suscitado en ella tanto interés?.

Mónica se levantó hacia el mediodía algo desorientada confusa y con bastante dolor de cabeza, llegó hasta la cocina del piso de Zaira, en la nevera encontró una nota que decía "Tienes ensalada y algo de pescado fresco para comer, estoy en "Le Femme" pásate a tomar cafe y seguimos con la tertulia. Besos Zaira".

Zaira era la propietaria de un pub llamado "Le femme" desde hacía un par de años, un elegante bar de ambiente destinado principalmente al público femenino, pero en el que tenía cabida todo tipo de público gay.

A eso de las 4 de la tarde Mónica apareció por "Le Femme", Zaira mantenía una conversación de lo más divertida con un chico, el cual vestía de manera llamativa y tenía una voz bastante aguda y afeminada.
- Vaya vaya, ¿qué tal se ha levantado la princesa?. Perdona que no os haya presentado, este es Samuel, un amigo de la infancia.
- Encantada, me llamo Mónica.
- Que bellezón nena, no se te ocurra venir por aqui por la noche, por que no hay más lobas y se lanzan a la yugular!!
- La más loba de todo el bar eres tú reinona- dijo Zaira soltando una caracajada- oye Mónica ¿tú no tenías que ir de compras para tu viaje de la semana próxima?.
- La verdad es que ...
- Shopping, shopping, shopping!!! - grito Samu sin dejar terminar la frase a Mónica.
- Te vendrá genial, y te lo pasarás en grande!! - le susurró Zaira al oido.
- Esta bien, esta bien...

Habían recorrido todas las tiendas del centro, llegaron al bar con las cuatro manos llenas de bolsas a eso de las 9 de la noche.
- ¿Qué tal chicos?- pregunto Zaira.
- Destrozada- dijo Mónica echándose la mano a los zapatos de tacón- voy al baño.
- Para presumir hay que sufrir nena - apuntó Samuel.
No había mucha gente en el bar, apenás cuatro mesas con parejas de mujeres que mantenían conversaciones relajadas y un grupito de amigas de Zaira en un rincón.



Mónica echó un vistazo al bar y clavó su mirada al final de la barra, dónde la última vez estaba aquella misteriosa mujer. Fue hacía el baño y al agarrar el pomo vio que estaba ocupado. Espero y en unos pocos segundos ahí estaban esos ojos azules, era realmente preciosa. Ambas mujeres se quedaron mirando, sin mediar palabra, el deseo era casi tangible. La desconocida, atrajo a Mónica hacia ella, le sujetó del cabello por la nuca y le introdujo su lengua en la boca, sus labios eran carnosos y suaves. Mónica le correspondió con un beso pasional casi irreconocible en ella. En un ágil movimiento Mónica quedaba de espaldas a la mujer que la rodeaba por la citura mientras que su boca se perdía en su nuca y la mano que quedaba libre se deslizaba por la cara interna de sus muslos.
Mónica estaba a punto de correrse, cuando la desconocida le susurró
-¿Cómo te llamas? - dijo mientras se aferraba cn fuerza a su sexo.
- Mónica, Mónica Bosch- dijo con la voz entrecortada.
Nada pudo hacer por controlarse cuando la mujer de los ojos azules entró en ella y Mónica llegó al éxtasis.
La desconocida sacó una tarjeta de un bolsillo de su pantalón vaquero, y la metió en el bolsillo delantero del vestido de Mónica. La beso suavemente en los labios, antes de marcharse le volvió a besar el cuello y en un susurró le dijo
-Llámame.

Mónica sacó la tarjeta, en ella ponía "Nalah Mahan lincenciada en Bellas Artes" junto a su número de teléfono.


Continuará...

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